Cuando una pareja se separa, una de las grandes preguntas es: ¿cómo se organiza la relación con los hijos? Aquí es donde entra en juego el régimen de visitas.
Su objetivo es claro: garantizar que el progenitor que no convive habitualmente con el menor pueda mantener una relación estable, sana y continua. Pero siempre, siempre, con una prioridad absoluta: el interés superior del menor.
👉 ¿Cómo se establece?
✔️ Por acuerdo entre los padres
La vía más recomendable. Permite adaptar el régimen a la realidad familiar: días, horarios, vacaciones, cumpleaños, comunicación… todo puede pactarse con flexibilidad.
✔️ Por decisión judicial
Cuando no hay acuerdo, será un juez quien determine cómo se organizarán las visitas dentro de un procedimiento legal.
👉 ¿Y qué tipos existen?
🔸 Amplio o libre: flexible, según disponibilidad de los progenitores.
🔸 Estructurado: con días y horarios definidos (por ejemplo, fines de semana alternos).
🔸 Progresivo: se amplía gradualmente conforme evoluciona la relación.
🔸 Supervisado: con presencia de un tercero cuando existe riesgo para el menor.
💡 Cada familia es única, y el régimen de visitas debe adaptarse a sus circunstancias. No se trata de “repartir tiempo”, sino de construir estabilidad emocional para los hijos.
